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Con urgencia.

<<BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, ... >>. Antonio se encontraba en la cama durmiendo, se despertó sobresaltado y totalmente desorientado. Veía sin ver todo una orgía de colores que se derramaba por la habitación y por todo el apartamento y ese estruendoso ruido que no sabía de donde venía. <<BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, ... >>, siguió sonando. Se levantó de la cama a tientas poniendo los dos pies en el suelo y se puso a andar descalzo sin saber muy bien a donde iba, continuaba desorientado. El píe izquierdo tropezó con la mesilla de la cama haciéndose un leve daño en los dedos: <<Ay, ay, ay, ... >>, se quejó, y casi cayéndose de bruces al suelo se acabó de despejar centrándose donde se encontraba. <<BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, BIP, ... >>, seguía sonando la alarma ensordecedoramente. <<La mierda de la alarma del trabajo, ¡joder!>>, gritó Antonio mientras se agarraba el pie golpeado. Se dirigió hacia otra habitación cojeando…

El apagón.

Como todos los Viernes antes de la llegada de la medianoche terrestre, horario de la la costa atlántica de América del Norte, empezaba el programa de gran éxito de la olocrovisión ¡¡Me lo dices o te lo cuento!! El presentador apareció en el plató acompañado por una orgía de colores que hacían cegar la vista a cualquier olocrovidente, se presentó vestido con un traje multicolor que variaba el tono dependiendo de la iluminación, seguidamente se presentó como cada inicio de programa: <<Buenos días y bienvenidos a nuestro programa de olocrovisión "¡¡Me lo dices o te lo cuento!!" Programa presentado por un servidor, Antonio Malachinche, emitimos para todo el planeta en todos los olocrocanales y para nuestras colonias en la Luna aunque a ellos la señal llegue con cierto retardo, la nave Alfa-Orión en misión a Marte lo recibirá días más tarde por estar situada en el lado opuesto de la órbita terrestre.>> Anunció el presentador del programa con voz meliflua y contoneand…

El camarero.

Con agilidad y destreza el camarero flotaba por la barra colocando las botellas y la vajilla limpia en sus correspondientes baldas. El local se encontraba animado en ese momento, varios grupos de personas amenizaban el lugar con sus comentarios, la música sonaba sin gran estruendo y varias personas se contoneaban en la pista de baile también estaban los borrachuzos de siempre ccon sus berridos y empujones.

<<¡Manolo!>> Gritó uno de los clientes.
<<Dígame señor en qué puedo atenderle.>> Respondió el camarero educadamente con esa voz aflautada tan característica.
<<Póngame tres cervezas de barril, dos copas de vino tinto y un cubata del mejor ron que tengas.>> Ordenó el cliente sin demasiada educación.
<<Sí señor, como desee.>>  Respondió el camarero.

El camarero comenzó a buscar los vasos y las copas con esa desenvoltura tan típica de los profesionales del gremio, escanció los vasos con la cerveza del grifo, las copas las llenó con el vin…

El Gran Rasgón.

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No se qué clase de seres sois, ni qué hacéis aquí tampoco se como habéis conseguido llegar. Hace tiempo que llegamos a la conclusión de no responder a ninguna de las preguntas que torturan a seres como vosotros, lo único que se consigue es que os marchéis con más confusión de la que traéis. De todas formas y durante amplias deliberaciones llegamos a un consenso general de narrar un suceso muy grave y luctuoso que nos aconteció para que sirva de ejemplo a los que llegan aquí desde otros Lugares.

La leyenda.
Ocurrió en un tiempo muy lejano, tan lejano que vuestros simples métodos para cuantificar el tiempo no servirían y en un lugar tan extraño para vuestras limitadas mentes que seriáis incapaces de concebirlo. El vocabulario y los sistemas de comunicación que usáis son herramientas muy primitivas para nosotros y nos limitan mucho a la hora de expresarlo todo pero con un gran esfuerzo por nuestra parte os explicaremos lo que por aquel entonces aconteció.

Después de muchos miles de millo…

Arcade.

Pensativo miraba la pantalla, cierta tensión se le denotaba en el rostro, encontrándose de pie tenía el cuerpo rígido, gotas de sudor poblaban la frente. Cavilaba sobre sus posibilidades mientras se dirigía a su objetivo, la mano izquierda manejaba la palanca de la dirección de la nave mientras que la derecha se esmeraba en manejar los seis botones que le servían para realizar distintas combinaciones de disparos y cambiar el sentido del movimiento de la nave. Esquivaba casi todos los disparos producidos por las naves del enemigo más estaba recibiendo numerosos impactos: <<¡Me estoy quedando sin escudos>>, exclamó.
Cuando despegó con la nave había escogido todo lo necesario, llegó al límite de su nivel. Llevaba lo último en tecnología punta y le acompañaba todo el armamento más potente que podía recopilar, tenía la opción de autoabastecerse y rearmarse por el camino pero como persona previsora había cargado todo hasta los topes. A pesar de abatir numerosas naves enemigas y…